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Este esquema nace fruto de más de 20 años de investigación y tratamiento de personas en mi consulta y representa los elementos internos de la persona, involucrados en la gestión de la salud. Los vértices son los elementos externos que interactúan con lo subjetivo de la persona.

Lo primero es describir cada uno de estos elementos, para así poder comprender más adelante cómo se relacionan unos con otros y cómo se influencian entre sí. También describiré cómo los elementos externos influencian a los elementos internos.

El triángulo refleja un equilibrio dinámico natural o la falta éste, fruto de nuestra propia evolución, es decir, muestra de forma sencilla qué elementos internos están siendo priorizados, cuáles no y el grado de equilibrio entre ellos.

Elementos que componen el triángulo

Conciencia Integrada

Es el elemento unificador e integrador de los diferentes elementos. Es la referencia interna de la persona. Cuando está suficientemente despierta es capaz de visitar cada lado del triángulo para cuestionar, redirigir y tomar las riendas teniendo en cuenta a toda la persona. La Conciencia Integrada es el lugar prioritario de toma de decisiones, porque tiene en cuenta e integra lo mejor de cada elemento. Se sirve de las capacidades de cada lado para el beneficio global de la persona. Por tanto, cada lado debe estar subordinado a esa referencia interna que es la Conciencia Integrada. También, es el lugar prioritario que contrasta y cuestiona lo que viene de fuera.

La mente (aspectos educativos)

Lugar de la inteligencia cerebral, que se interesa y se pone al servicio para descifrar los mensajes del cuerpo, describir los sentimientos e inicia la búsqueda de soluciones. Sería como el timonel de un barco, el que interpreta y le pone palabras a lo que pasa en los otros elementos. Pero no por ello, es el que manda; su labor está puesta al servicio de la Conciencia Integrada (es como decir, de toda la persona). Se correspondería a nivel anatómico y fisiológico con los lóbulos frontales del cerebro.

El cuerpo (estado físico)

El cuerpo es la expresión física y material de la persona que somos en el mundo. Por tanto, está hecho para actuar, pero también necesita descanso y recuperación después de un esfuerzo o de haber vivido un esfuerzo extraordinario. Ese esfuerzo extraordinario puede ser un trabajo físico extra o una tensión acumulada por acontecimientos vividos por la persona.

El cuerpo envía mensajes en forma de sensaciones de placer, disconfort, dolor, cansancio o ganas de actuar. Esos mensajes pueden ser puramente corporales o estar impregnados de un contenido emocional o afectivo.

Necesitamos que la inteligencia descifre esos mensajes y no los desatienda, junto con valorar si existe una implicación emocional. Los músculos, por ejemplo, nos hablan mucho de nuestro estado global, si estamos tensos, nerviosos, contenidos o, por el contrario, relajados y tranquilos.

Una situación que observo, a menudo, es que se censura y reprime desde la inteligencia la necesidad que tienen los músculos de actuar en una determinada situación (el enfado y la rabia son típicos, porque socialmente están mal vistos). Esa represión termina manifestándose en forma de tensión muscular, que no es más que el mensaje que envían los músculos de la necesidad de actuar. Ahora toca buscar y preguntarse ¿qué acción concreta querían hacer mis músculos?

Sensibilidad (paisaje afectivo)

Es el soporte neurológico que colorea nuestra vida a través de las emociones, deseos, sentimientos y afectos y que permite que nos relacionemos con nuestro medio. Si bien el cuerpo envía señales muy físicas, la sensibilidad se encarga de señales subjetivas de alegría, felicidad, tristeza, enojo, pena, etc.

La inteligencia debe estar abierta para cuestionar y observar cómo es nuestro paisaje afectivo, sin entrar en valoraciones del tipo bueno o malo, para valorar qué elementos se viven o se han vivido como conflicto. Es bueno comprender que las emociones tienen vida propia, son un tipo de energía que busca expresarse. La clave está en la manera como las gestionamos, ¿las reprimimos?, ¿les damos rienda suelta? o ¿buscamos una forma adecuada de expresarlas y profundizar en su significado?

Elementos externos

Los vértices

Los elementos externos interactúan con la subjetividad de la persona y se refiere, tanto a las personas que ayudan, como a los supuestos y contextos desde los que se ayuda. El objetivo de los tres vértices es recuperar la referencia interna o Conciencia Integrada.

Hablamos - anamnesis

la persona tiene mucho que decir, por no decir que todo, en referencia a su persona, por tanto, hay que procurar favorecer un entorno en el que se dé el diálogo, centrado especialmente en lo que la persona cuenta de ella misma.

Momento para expresar cómo es su dolencia, cómo se manifiesta, qué le produce encontrarse mal y cuáles son sus interrogantes acerca de su proceso de enfermedad.

Si se hace bien puede ser un momento de recabar mucha información fundamental y el nivel de tensión que la persona trae suele descender mucho, lo cuál favorece el proceso curativo.

Te conozco - diagnóstico

en este segundo tiempo, que puede entremezclarse con el primero, el protagonismo lo tiene la persona que ayuda. Con toda la información recibida, además de la exploración física, si es necesaria, va elaborando un diagnóstico en los tres niveles de la persona.

A nivel físico, necesita saber en qué punto se encuentra la dolencia, especialmente, si está en situación de conflicto en ese momento o la persona ha venido en pleno proceso, también en plena crisis curativa. Si es una dolencia crónica, tiene que valorar además cuál es el patrón que hace que esa dolencia se haya instaurado como crónica. Todo un trabajo de investigación y cuestionamiento.

A nivel afectivo, tiene que valorar sentimientos del tipo miedo que se manifiestan alrededor del proceso de enfermedad y que pueden ser necesarios abordar. Los sentimientos que nos generan, son en sí mismos generadores también de estrés y enfermedad.

A nivel educativo, tenemos que devolverle al paciente toda la información necesaria para que comprenda bien qué le está pasando. Las personas necesitaríamos conocer un poco mejor nuestro cuerpo, su sabiduría. El no saber produce un efecto de miedo en la persona bastante paralizante, que le impide poner en marcha sus recursos propios y tomar decisiones sin depender de otra persona que sabe más. En definitiva, produce dependencia.

Actuamos - tratamiento

Aquí el protagonismo se equilibra entre las dos personas. Es cierto, que el terapeuta marcará la pauta a seguir, pero la persona ayudada tendrá que ejecutar gran parte del tratamiento. Por ejemplo, si es necesario reposo, es la persona la que tiene que comprometerse a guardarlo. La actuación puede ir dirigida a cualquiera de los tres elementos. Seguramente en los planos mental y afectivo será donde la persona que busca ayuda tendrá más protagonismo, bien realizando un trabajo con su mundo afectivo o integrando una información que se estime necesaria.

Relación armoniosa de todos los elementos

Para que se dé una interacción fluida y armoniosa entre todos los elementos del triángulo, tiene que estar despierta la Conciencia Integrada, que es el lugar síntesis desde donde puedes situarte para tener una mirada al conjunto de tu realidad personal. Hacia este lugar va encaminado el trabajo en la consulta, hacia mayor comprensión y autodeterminación.

Esta Conciencia Integrada estabiliza el peso y la importancia que desempeñan cada parte. Se le puede denominar también referencia interior. Esta referencia puede acercarse a cada aspecto de la persona para cuestionarlo y preguntarse por el. Además, en la relación con el exterior, tiene una función muy importante a la hora de elegir la ayuda que desea recibir. Esto no es muy común en el mundo médico, porque el poder siempre lo ha ejercido el médico y la persona “obedece” sin cuestionar, si la ayuda que le ofrece el médico es la más acertada o no.

La forma de representar esta forma de salud es con un triángulo equilátero, en el que todos sus lados son de igual tamaño y en el centro se encontraría la Conciencia Integrada, que puede asomarse a cada lado para interesarse por él, sin perder de vista el resto de lados.